lunes, 26 de diciembre de 2011

Espejismo del espejo


Para terminar este año 2011 complejo y difícil,  escribo una minificción mirándome al espejo. A ver qué veo pasar por él en 365 días.
Nos seguimos viendo aquí, en Escribir...

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Hay un reflejo de mi misma en el espejo.
He aquí un espejo, espejismo de una imagen que no es imagen más que en mi retina y en mi cerebro. Hay una cara que se desliza por esa imagen reflejada que se asombra de verse a sí misma: ésta cara tan vista y que me es extraña porque no me veo a mí, sino a la desconocida que me quiere mostrar el espejo.
Y me fio del espejo porque es anterior al hombre y a la invención de la imagen de la mujer que es reflejada en este espejo anterior al hombre, para mostrarme que la puerta de mi baño está abierta y también la otra puerta que la acompaña y que da a una escalera que sube, ahora, a ninguna parte; tras uno, dos, tres, cuatro peldaños y desaparece. Y ya no existe lo que hay al final de la escalera porque no entra en el espacio de mi espejo que me dice la verdad del mundo que cabe en él. Y no hace falta preguntarle para que me conteste, para que me enseñe que hay dos puertas abiertas y al final un tramo de escalera vacía, junto a la imagen de una cara que mira la escalera con la indiferencia de un rostro que espera, que no es bello ni todo lo contrario y se acaba de levantar para lavarse esa cara extraña y cepillarse los dientes con el sueño prendido en las pestañas.
Bah…, es el frío rostro de una mujer que mira dos puertas abiertas a su espalda y a su pedazo de escalera que no va a ninguna parte, por la que nadie sube ni baja, para ponerse a mi lado y decirme simplemente: te amo, espejo.