viernes, 9 de julio de 2010

Nuestra invictus: ¿conseguirá la roja unir a la nación?




¿Será acaso nuestra selección de fútbol el Nelson Mandela de nuestro país? ¿Serán nuestros “Springboks” quienes consigan con sus victorias, pero sobre todo con su espíritu de unión bajo una misma bandera, lo que nuestra clase política intenta escondiendo la mano y tirando la piedra del nacionalismo separatista a todos los españoles?

Los jugadores de la selección española nos han dado una gran lección que nunca tendríamos que olvidar. Y es que han estado por encima de las miserias políticas, las disputas partidistas... y de la intolerancia de los nacionalismos que reivindican la separación de España. Los propios jugadores –la mayoría del Barça– han demostrado, con la frente muy alta, que España, somos todos.
Y se han partido el alma, y nos la han partido a todos, con esa lección que han dado a su país y al mundo entero de lo que debe ser un equipo. Porque cuando corrían por el campo de extremo a extremo no lo hacían sólo tras un balón, el balón era la excusa que los unía por una misma causa, quizás también por un honor manchado –aunque ya estemos muy acostumbrados los españoles a que nos lo ensucien, y muchos de nosotros seamos sus mejores abanderados– y motivados por una ilusión que va más allá de la victoria del propio juego y de las ganas de triunfo; y es que éstos deportistas, éste entrenador y éste equipo sabían perfectamente lo que significaba esa victoria, como el propio Mandela lo supo y fue capaz de construir un país destrozado por el odio.

No puedo evitar acordarme de la película Invictus de Clint Eastwood, basada en la novela Playing The Enemy: Nelson Mandela y The Game that Made a Nation, de Johon Carlin, y quedarme pensativa al ver este magnífico film que hizo posible que Morgan Freeman interpreta a un Nelson Mandela que sabía perfectamente que un partido podía unir a una nación. Qué pena que nuestros dirigentes políticos sean hombres de miras tan bajas –aunque algo han intuido, aunque sea para limpiar su imagen–. Y si un partido y un equipo fue capaz de unir una nación segregada por el apartheid a punto de una guerra civil, nuestros jugadores ayer también hicieron entender a este país, que algunos políticos intentan segregar, que nuestra nación está más viva que nunca, deseosa de una reconciliación, aunque a muchos se les atragantara la victoria de un equipo que nos dejó a todos con la boca abierta.
La categoría humana y la elegancia que han derrochado las dos selecciones nos ha asombrado a todos, y al igual que el español, el equipo alemán ha superado a sus políticos, como suele suceder en el deporte. Una vez más, el juego limpio y la deportividad se han puesto por encima y ha emocionado al mundo entero.


Y como aquel junio de 1995 en que Sudáfrica ganó el campeonato del mundo de rugby en el Ellis Park de Johannesburgo, España juagará el 11 de junio de 2010 en el Soccer City Stadium también en Johannesburgo. En el Soccer City dio Nelson Mandela su primer gran discurso tras ser liberado en 1990. Será el encuentro más importante de la historia de nuestro país, pues ya hemos ganado, nos pongamos o no por delante del marcador a Holanda, en el esfuerzo por haber dejado el orgullo de ser español donde no ha estado en su historia. Que tomen nota.

Y reivindico más que nunca el poema Invictus de William Ernest Henley:

"También nosotros somos los amos de nuestro destino: capitanes de nuestra alma".


Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.
En las feroces garras de las circunstancias
Ni me he lamentado ni he dado gritos.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.













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