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jueves, 18 de enero de 2024

Bajo la luz del eclipse

Espasa editorial




"Es una historia de supervivencia y de pérdida, de amor y soledad"


En 1937, Mitxel Aguirre deja Guernica para unirse al Ejército de Euskadi en la lìnea de defensa de Bilbao, el Cinturón de hierro. Poco sabe de una guerra que lo dejará sin madre, sin hermano y sin casa, y que guiará sus pasos hasta Mora de Toledo.

En una finca de Toledo, María es la única superviviente de su familia. Nunca olvidará al joven miliciano que le arrancó a su hermano de los brazos, durante la ocupación de sus tierras.

De 1937 a 1977, de la Guerra Civil a las elecciones generales tras el franquismo, las vidas de Mitxel y María se van entrelazando mientras recorren, sin conseguir olvidar sus pérdidas, su dolor, la historia de un país marcado por un conflicto que todos, de una u otra manera, acabaron perdiendo.

Radio España Independiente, la emisora del PCE en el exilio, y la ciudad de Bucarest serán testigos del dramático acontecer de los dos protagonistas durante la Guerra Fría y el gobierno de Nicolae Ceausescu, cuya policía política, la Securitate, provocará un imprevisto desenlace.



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Ficha del libro:

Temáticas
Publicación6 mar 2024
ColecciónESPASA NARRATIVA
PresentaciónRústica con solapas
Formato15 x 23 cm
EditorialEspasa
ISBN978-84-670-7207-5

Páginas552
Código0010336730
Tinta texto interiorBlanco y negro

jueves, 17 de octubre de 2013

Haruki Murakami: entre oriente y occidente


Haruki Murakami: entre oriente y occidente
Por Antonio Garrido Domínguez

Reseña de no ficción del libro de Justo Sotelo, 
Los mundos de Haruki Murakami.

Tendremos que esperar un año más para celebrar el Premio Nobel que tan justamente se merece el escritor japonés.
Mi profesor y amigo Antonio Garrido Domínguez, nos disecciona el ensayo de Justo, y nos explica con brillantez, que:

"Justo Sotelo responde a un patrón de escritor no tan habitual como pudiera parecer a primera vista. Que un catedrático de economía escriba novelas cuenta con una tradición relativamente larga –J. L. Sampedro constituye un buen ejemplo, además de reciente- pero no lo es tanto que, además de escribir, se interese por un tipo de estudios –como los de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada- volcados en la reflexión sobre los principios, métodos y conceptos por los que se regula el análisis y comprensión de los textos literarios. 

Este proceso ha culminado con la elaboración de una tesis doctoral –que yo he dirigido al lado de Fernando Rodríguez Lafuente- en torno a un concepto central de la moderna teoría de la ficción: el de mundo posible o mundo ficcional. Al margen de otras consideraciones, el trabajo de Justo Sotelo pone ante todo de manifiesto el valor de las ideas para el estudio de la literatura y cómo, lejos de desvirtuar su vivencia, ayudan a profundizar en el conocimiento de las singularidades que le son propias. El autor hace un uso excelente del concepto de mundo ficcional para explicar el oficio de novelar de H. Murakami, escritor que encarna en grado eminente la mayoría de los rasgos más característicos de la narrativa actual. Desde otro punto de vista, el libro de Justo Sotelo –Los mundos de Haruki Murakami, Madrid, Izana Editores, 2013- viene a ratificar la rentabilidad de determinados conceptos nacidos en el ámbito filosófico aclimatados posteriormente, como ha ocurrido tantas veces, al campo de la reflexión literaria. La inspiración procede en este caso de uno de los grandes teóricos de la ficción literaria, Lubomir Dolezel, y, más específicamente, la propuesta formulada en uno de sus libros más importantes: Heterocósmica. A su luz, Justo Sotelo acomete el análisis de los universos creados por el autor japonés.

Para empezar, cabe decir que Murakami construye mundos de la más diversa índole, que van de los más apegados a la realidad empírica hasta los más alejados de ella, pasando por versiones mestizas (que son ciertamente las más abundantes). En ellos puede encontrarse desde un realismo a lo Carver hasta lo real maravilloso, aunque el predominio corresponde a los mundos híbrido o diádicos, esto es, a aquellos en los que conviven con toda normalidad lo natural y lo sobrenatural (el borrado de fronteras, en suma). En el primer supuesto entrarían Tokio blues, Al sur de la frontera o After Dark, mientras Sputnik, mi amor, Kafka en la orilla, La caza del carnero salvaje, Crónica del pájaro que dio cuerda al mundo, El fin del mundo o 1Q84 responderían a las exigencias del segundo. Como señala el autor del ensayo, la transición de lo real a lo maravilloso/fantástico o viceversa resulta muy fluida y se efectúa habitualmente a través de una serie de conductos muy diversos como túneles, pasadizos, pozos, callejones, espejos, el carnero salvaje, etc. Su cometido consiste fundamentalmente en conectar los dominios que integran un mundo diádico que, como se ha dicho, es el tipo de mundo con el que opera habitualmente Murakami. Es decisivo, en este sentido, el análisis de los diversos códigos que regulan o determinan el comportamiento de los personajes en su interior: el código alético –facilita la explicación de la mitología como mezcla de la natural y lo sobrenatural-, deóntico –relacionado con lo permitido o la prohibición-, axiológico –el bien y el mal- y el epistémico, vinculado al conocimiento. Para completar el catálogo de rasgos de los mundos ficcionales de Murakami, hay que mencionar la importancia de lo extraño, lo onírico y el simbolismo.

Aunque constituye una dimensión fundamental de la cultura japonesa, el simbolismo se apoya en este caso tanto en referentes orientales –en especial, el asociado a los gatos- como occidentales: destaca el vinculado a las grandes tragedias griegas, la búsqueda de la eterna juventud, etc. Pero la trascendencia de lo occidental se manifiesta sobre todo en las frecuentes referencias a la música, además de la literatura: Bach, Beatles, Beethoven, Bergson, Borges, Carver, Chandler, Hemingway, el jazz, Kafka, Michael Jackson, Mozart, Nietzsche, Orwell, Proust, Puig, Salinger… Este hecho ha llevado a algunos críticos –sobre todo, japoneses- a definir a Murakami como un escritor occidentalizado. Se trata sin duda de una calificación abusiva: Murakami, recalca Justo Sotelo, es un autor japonés hasta la médula por mucho que maneje –y con gran solvencia- determinados referentes de la otra parte del mundo. Su imaginario se nutre de elementos tomados de ambas culturas.

Otros aspectos de la obra del autor japonés tratados en este ensayo son los temas y, muy en especial, el tipo de personajes. Entre los primeros hay uno fundamental: las relaciones de pareja y, más específicamente, el reiterado abandono de los hombres por las mujeres de su entorno (madre, novia, hermana, amante). De ahí la abundancia de personajes solitarios, desarraigados, que pueblan las novelas de Murakami. No pocos de estos personajes son adolescentes, que tienden a prolongar esta etapa de su vida; en suma, personajes en formación. De ahí también la nostalgia que envuelve muchas de las narraciones y también que los géneros literarios mejor representados sean la vieja novela de pruebas –el relato de las aventuras a lo largo de un camino- y la de formación o aprendizaje. Particularmente interesante es la galería de mujeres que aparecen en sus historias: mucho más ricas en matices y comportamientos que sus correlatos masculinos. La mayoría de los personajes tiene en común la afición a la lectura. Otro motivo temático importante es el del doble (tan importante en la tradición literaria a partir de E. A. Poe). Resulta fácil suponer que en una novelística cuyas historias se sitúan permanentemente en un territorio que bascula entre el realismo y lo maravilloso la autentificación –esto es, la credibilidad de lo que se cuenta y sus fundamentos- se convierta en un asunto de gran trascendencia. Como es lógico, la legitimación de las historias resulta obvia en las narraciones realistas y contadas desde la tercera persona y mucho más problemática en las que no lo son y recurren a la primera. La mayoría de las novelas de Murakami recurre a este procedimiento, aunque no faltan los relatos sin autentificar -La caza del carnero, sin ir más lejos- que contravienen abiertamente las leyes del mundo de la experiencia.

Finalmente, Sotelo alude a lo que podríamos denominar conciencia crítica o social de Murakami respecto de los poderes que controlan el mundo actualmente: los medios de comunicación, las finanzas y otros, como el erotismo y la mente, que tienen que ver más con el mundo interior del individuo.
En suma, Justo Sotelo ha escrito un excelente ensayo en el que desmonta y vuelve a montar pieza a pieza el delicado mecanismo sobre el que descansa el oficio narrativo de Harumi Murakami. Es un trabajo exhaustivo y entusiasta realizado por un verdadero experto en la obra del autor japonés, en el que el lector no solo recibirá mucha información sobre él sino sobre el difícil arte de la narración. Léanlo, antes o después de zambullirse en la lectura de sus novelas, y, sin duda, me darán la razón".


Antonio Garrido Domínguez es Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad Complutense de Madrid. 

Justo Sotelo: Los mundos de Haruki Murakami (Izana, 2013).

jueves, 2 de febrero de 2012

Tomas Tranströmer, premio Nobel de Literatura 2011

Javier Claure nos invita a redescubrir, con una crónica magnífica y sensible, al Premio Nobel de literatura 2011, Tomas Tranströmer, el poeta sueco más internacional. En ella, Claure narra el emotivo acto de entrega del centésimo octavo Premio de Literatura de la Academia Sueca, en Estocolmo. Nos alerta de la soledad, como telón de fondo, del poeta inválido. Una invalidez que todos los poetas llevan dentro, la invalidez del alma que camina en silla de ruedas. 
Una gran metáfora que en Tomas Tranströmer también se extiende al cuerpo de un escritor amable y generoso, que en 1990 sufría un derrame cerebral que lo relegó a una silla de ruedas y lo despojó del habla. Tranströmer es licenciado en Psicología, Historia de las Religiones y de la Literatura por la Universidad de Estocolmo. Premio Bonnier Para la Poesía, Premio Internacional Neusdstrad... Importantes reconocimientos para la obra del poeta sueco más leído en Suecia. Javier Claure nos despierta el apetito por este humano y sensible escritor, amante de la música, transparente e intimista, merecedor, sin duda, de tan alto galardón. 
Se quedaron llamando a las puertas del cielo literario Bob Dylan y mi querido Haruki Murakami. Otra vez será.


Para leer el artículo de Javier Claure entra en la página de resonancias: http://www.resonancias.org/article/read/1108/el-premio-nobel-de-literatura-2011-por-javier-claure/

jueves, 28 de abril de 2011

Lo que más me dolió de la noche de los libros


La cola era de cuarenta y cinco minutos, nada más y nada menos. Giraba haciendo requiebros alrededor de pequeñas estanterías repletas de libros de los autores más demandados de las últimas décadas, algunos clásicos y casi nada para niños. Un público curioso el de la fila, pensé; disciplinado, cuchicheando en voz baja sobre las obras del escritor en la mano, presumiendo casi todos de un estilo intelectual acorde con la rancia librería de una modernidad clásica anclada en la indiferencia del tiempo. Los pacientes hacedores de la cola me parecieron gente de los años ochenta con un olor a rancia universidad, exceptuando a un par de modernos que parecían haberse equivocado de librería y de un joven como recién salido de un cuento de Poe con el rostro tan blanco, sombrero de copa y brillantes zapatos de cordones con una punta digna del mismísimo Mr. Scrooge.
Y justo, al torcer de estantería lo vi. Él, estaba ahí, en el rincón más visible de la librería, sentado tras una estrecha mesita, bajo un cartel con su nombre en grandes letras y una imagen sonriente de otro tiempo. Y vi dos hombres: el de antes, con más pelo y una mirada sagaz de escritor interesante; y el de ahora, de carne y hueso, un poco aburrido, más gordito y con el atractivo amable y natural que llega con los años; seguro que con dolor en la mano de firmar ejemplares desde hacía varias horas, sometido a las servidumbres de su oficio aprendido desde niño, como una condena que le amarra al éxito y a las miradas ansiosas de las mujeres de la cola, y a las babosas sonrisas de los hombres con sus novelas bajo el brazo, anhelando conseguir la dedicatoria con la que presumir durante el partido de fútbol de esa noche.
Según pasaba la cola por delante de la mesa de mi admirado escritor, sus lectores preparaban el libro con una risita nerviosa apretujándose a su alrededor, suspirando por conseguir el fetiche que explica cosas prohibidas para ser dichas en público. Y yo observaba cómo se iban deshaciendo, según alcanzaban su mesa, uno por uno, en una especie de excitación pueblerina, a medio camino entre la adoración y la codicia. Ese feroz atractivo de la fama y de la pluma, que subyuga por igual a hombres y a mujeres de todas las edades en una tarde de libros y en una librería del centro de Madrid, haciendo una cola penitente con mi hija para que el escritor –vivo– que más quiero, me firmase el ejemplar de su último libro, con la misma adoración y cocida que todos los demás pero intentando que no se me notase.
Tres horas después perdió el partido el Real Madrid y eso es lo que más me dolió de la noche de los libros, pero me consolé releyendo varias veces la escueta dedicatoria que me había escrito mi Javier Marías con su mano zurda, pensando con cierto regusto en lo contrariado que estaría él también por haber perdido nuestro querido Real Madrid.