lunes, 3 de diciembre de 2012

Reunión, por John Cheever



He aquí uno de los cuentos que más me gustan de John Cheever. Un relato de apenas cuatro páginas que subyuga por lo que omite (como suele ocurrir con los mejores), por lo que no dice, por su tono y ese aire de irremediabilidad ante la catástrofe. Reunión, una genialidad entre otras de mi querido Cheever, que por cierto, Richard Ford escribió en referencia a éste otro homónimo y desarrollado en el mismo lugar, en Central Station de Nueva York. Salvo que los reunidos no son padre e hijo, sino una pareja. Intentaré localizarlo. 

REUNIÓN

La última vez que vi a mi padre fue en Grand Central Station. Yo venía de estar con mi abuela en los Adirondacks y me dirigía a una casita de campo que mi madre había alquilado en The Cape; escribí a mi padre diciéndole que pasaría hora y media en Nueva York debido al cambio de trenes, y preguntándole si podíamos comer juntos. Su secretaria me contestó que se reuniría conmigo en el quiosco de información a mediodía, y cuando aún estaban dando las doce le vi venir a través de la multitud. Era un extraño para mí -mi madre se había divorciado tres años antes y yo no lo había visto desde entonces-, pero tan pronto como lo tuve delante sentí que era mi padre, mi carne y mi sangre, mi futuro y mi fatalidad. Comprendí que cuando fuera mayor me parecería a él: que tendría que hacer mis planes contando con sus limitaciones. Era un hombre corpulento, bien parecido y me sentí feliz de volver a verlo. Me dio una fuerte palmada en la espalda y me estrechó la mano.
-Hola, Charlie -dijo-. Hola, muchacho. Me gustaría que vinieras a mi club, pero está por las calles sesenta, y si tienes que coger un tren en seguida, será mejor que comamos algo por aquí cerca.
Me rodeó con el brazo y aspiré su aroma con la fruición con que mi madre huele una rosa. Era una agradable mezcla de whisky, loción para después del afeitado, betún, traje de lana y el característico olor de un varón de edad madura. Deseé que alguien nos viera juntos. Me hubiera gustado que nos hicieran una fotografía. Quería tener algún testimonio de que habíamos estado juntos.
Salimos de la estación y nos dirigimos hacia un restaurante por una calle secundaria. Todavía era pronto y el local estaba vacío. El barman discutía con un botones, y había un camarero muy viejo con una chaqueta roja junto a la puerta de la cocina. Nos sentamos, y mi padre le llamó con voz potente:
-¡Kellner! -gritó-. ¡Garçon! ¡Camarieri! ¡Oiga usted!
Todo aquel alboroto parecía fuera de lugar en el restaurante vacío.
-¿Será posible que no nos atienda nadie aquí? -gritó-. Tenemos prisa.
Luego dio unas palmadas. Esto último atrajo la atención del camarero, que se dirigió hacia nuestra mesa arrastrando los pies.
-¿Esas palmadas eran para llamarme a mí? -preguntó.
-Cálmese, cálmese, sommelier -dijo mi padre-. Si no es pedirle demasiado, si no es algo que está por encima y más allá de la llamada del deber, nos gustaría tomar dos gibsons con ginebra Beefeater.
-No me gusta que nadie me llame dando palmadas -dijo el camarero.
-Tendría que haber traído el silbato -dijo mi padre-. Tengo un silbato que sólo oyen los camareros viejos. Ahora saque el bloc y el lápiz y procure enterarse bien: dos gibsons con ginebra Beefeater. Repita conmigo: dos gibsons con ginebra Beefeater.
-Creo que será mejor que se vayan a otro sitio -dijo el camarero sin perder la compostura.
-Esa es una de las más brillantes sugerencias que he oído nunca -dijo mi padre-. Vámonos de aquí, Charlie.
Seguí a mi padre y entramos en otro restaurante. Esta vez no armó tanto alboroto. Nos trajeron las bebidas, y empezó a someterme a un verdadero interrogatorio sobre la temporada de béisbol. Al cabo de un rato golpeó el borde de la copa vacía con el cuchillo y empezó a gritar otra vez:
-¡Garçon! ¡Cameriere! ¡Kellner! ¡Oiga usted! ¿Le molestaría mucho traernos otros dos de lo mismo?
-¿Cuántos años tiene el muchacho? -preguntó el camarero.
-Eso -dijo mi padre- no es en absoluto de su incumbencia.
-Lo siento, señor -dijo el camarero-, pero no le serviré más bebidas alcohólicas al muchacho.
-De acuerdo, yo también tengo algo que comunicarle -dijo mi padre-. Algo verdaderamente interesante. Sucede que éste no es el único restaurante de Nueva York. Acaban de abrir otro en la esquina. Vámonos, Charlie.
Pagó la cuenta, y nos trasladamos de aquél a otro restaurante. Los camareros vestían americanas de color rosa, semejantes a chaquetas de caza, y las paredes estaban adornadas con arneses de caballos. Nos sentamos y mi padre empezó a gritar de nuevo:
-¡Que venga el encargado de la jauría! ¿Qué tal los zorros este año? Quisiéramos una última copa antes de empezar a cabalgar. Para ser más exactos, dos Bibson Geefeaters.
-¿Dos Bibson Geefeaters? -preguntó el camarero, sonriendo.
-Sabe demasiado bien lo que quiero -dijo mi padre muy enojado-. Quiero dos Beefeater gjbsons y los quiero deprisa. Las cosas han cambiado en la vieja y alegre Inglaterra. Por lo menos eso es lo que dice mi amigo el duque. Veamos qué tal es la producción inglesa en lo que a cócteles se refiere.
-Esto no es Inglaterra -dijo el camarero.
-No discuta conmigo -dijo mi padre-. Limítese a hacer lo que se le dice.
-Creí que quizá le gustaría saber en dónde se encuentra -dijo el camarero.
-Si hay algo que no soporto -dijo mi padre- es un criado impertinente. Vámonos, Charlie.
El cuarto establecimiento en el que entramos era italiano.
-Buon giorno -dijo mi padre-. Per favore, possiamo avere due cocktail americani, forti, forti. Molto gin, poco vermut.
-No entiendo el italiano -dijo el camarero.
-No me venga con esas -dijo mi padre-. Entiende usted el italiano y sabe perfectamente bien que lo entiende. Vogliamo due cocktail americani. Subito.
El camarero se alejó y habló con el encargado, que se acercó a nuestra mesa y dijo:
-Lo siento, señor, pero esta mesa está reservada.
-De acuerdo -dijo mi padre-. Dénos otra.
-Todas las mesas están reservadas -dijo el encargado.
-Ya entiendo -dijo mi padre-. No desean tenernos por clientes, ¿no es eso? Pues váyanse al infierno. Vada all´inferno. Será mejor que nos marchemos, Charlie.
-Tengo que coger el tren -dije.
-Lo siento mucho, hijito -dijo mi padre-. Lo siento muchísimo. -Me rodeó con el brazo estrechándome contra sí-. Te acompaño a la estación. Si hubiéramos tenido tiempo de ir a mi club...
-No tiene importancia, papá -dije yo.
-Voy a comprarte un periódico -dijo-. Voy a comprarte un periódico para que leas en el tren.
Se acercó a un quiosco y dijo:
-Mi buen amigo, ¿sería usted tan amable como para obsequiarme con uno de sus absurdos e insustanciales periódicos de la tarde? -El vendedor se volvió de espaldas y se puso a contemplar fijamente la portada de una revista-. ¿Es acaso pedir demasiado, señor mío? -dijo mi padre-, ¿es quizá demasiado difícil venderme uno de sus desagradables especímenes de periodismo sensacionalista?
-Tengo que irme, papá -dije-. Es tarde.
-Espera un momento, hijito -replicó-. Sólo un momento. Estoy esperando a que este sujeto me dé una contestación.
-Hasta la vista, papá -dije; bajé las escaleras, tomé el tren, y aquella fue la última vez que vi a mi padre.


  • Esta traducción pertenece a José Luis López Muñoz.

  • “Reunión”. JOHN CHEEVER, Cuentos completos, RBA libros, 2012. ISBN: 9788490063958.





lunes, 12 de noviembre de 2012

LAS FUENTES DE LA HISTORIA DEL ARTE EN LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

Acaba de publicarse esta excepcional y extraordinaria obra, fundamental para entender e interpretar el arte contemporáneo. Un utilísimo y riguroso compendio de referencias comentadas, tanto estéticas, técnicas como literarias o documentales, cuya finalidad es la de ayudar a entender e interpretar las fuentes sobre las que se sustentan muchas de las manifestaciones artísticas contemporáneas. Son precisamente las fuentes de dónde emana el origen mismo de la obra de arte, de donde proviene la inspiración y los motivos formales que guían al artista en su aventura creativa. Hay que destacar, además, que el libro dedica un capítulo a las fuentes literarias o de invención, y otro, a las descripciones artísticas e iconográficas, señal inequívoca de cómo la literatura siempre ha actuado como elemento contextualizador de la obra y del artista. Pensemos, por ejemplo, en el papel fundamental que la novela, el teatro, la poesía o los libros de viajes, han jugado a lo largo de los tiempos en la génesis del "imaginario" del artista. Es por todo ello, por lo que debemos dar la enhorabuena a la doctora Laura Arias Serrano por este magnífico trabajo de investigación y compilación, realizado a lo largo de diez años de concienzudo esfuerzo, que se ha visto culminado tan brillantemente con este imprescindible volumen.
Podemos decir, por tanto, que están de enhorabuena los investigadores, estudiosos, coleccionistas y amantes del arte contemporáneo, pues encontrarán en Las fuentes de la historia del arte en la época contemporánea una valiosa guía, que viene a rellenar el vacío que existe en el mercado artístico editorial. Nos encontramos, sin duda, ante una de las mejores aportaciones al estudio de las fuentes de la historia del arte contemporáneo en lengua española.


Autora: Laura Arias Serrano
Editorial: Ediciones del Serbal
Colección: Cultura artística
Formato: 14 x 20 cm
Encuadernación: Rústica
Páginas: 760
Año: 2012
Edición: 1ª

miércoles, 31 de octubre de 2012

Destino


                                                                               
La calle se ha cerrado cuando llego a mi destino. Llamo a la puerta antes de lo que pensaba. Se abre lentamente chirriando por la herrumbre del tiempo, pero todavía en pie, resistiendo el envite de los años y los males de mi vida.
He aquí mi futuro que desde hace años me espera, sin rostro, con el cuerpo desmembrado.Y cuánto se parece a mí.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Hombres como gatos



  Creo que me he vuelto loco. Me ha dicho el psiquiatra que la serotonina es la causante de éstas sensaciones mías de ver el mundo escapar tras la cristalera de mi despacho. En un piso treinta y dos.

No entiendo cómo es posible que mi cerebro juegue así conmigo, al ratón y al gato. Pero lo trágico es que ahora me siento ratón, y al gato se le estiran los bigotes y me amenaza cada día con sus uñas afiladas y nerviosas, cuando a lo largo de toda mi carrera el felino he sido yo, y eran los ratones de mi empresa los que salían despavoridos por los pasillos, escondiéndose en sus agujeros, al verme salir por la puerta de mi despacho. Yo los olisqueaba con mis hocicos inquisidores y ellos corrían a sus cajitas y a sus monitores, sin pestañear y con el rabo entre las patas. Me acercaba a ellos estirándome la corbata y los puños de la camisa sin que ninguno se atreviese a levantar un ojo de los índices Dow Jones, Nikkei, Dax 30, o simplemente de nuestra bolsa ramplona del Ibex 35. ¡Qué tiempos aquellos! Apenas ahora tengo beneficios para unas migajas de queso que no dan ni para pagar los sueldos de tres de los mejores roedores que he podido mantener, tras despedir a todos los demás.
Odio la serotonina. Neurotransmisora repulsiva de mi cerebro. La ha cogido manía, con lo bien que he estado siempre. Por qué tiene que mandar una información errónea a la siguiente neurona para que todas conspiren en mi contra y se revuelvan haciéndome la vida, la vida imposible.

Y por su culpa, cada vez que miro hacia el vacío de la ventana, llegan a mi mente aquellos cuerpos cayendo desde las torres gemelas. No me puedo quitar de la cabeza la tragedia del once de septiembre. Once años ya. Hay que ver cómo pasa el tiempo. Será porque mi oficina está en una planta treinta y dos y la agorafobia coincide con el descenso de los niveles de serotonina. Será guarra. Desde que me he tropezado con ella, agazapaba en la crisis bursátil, me invaden ese tipo de pensamientos suicidas que acaban con uno. Lo sé. Y cómo no, ha que ser de género femenino; no serotonino, ni serontonio, ni serojuan, que suena a colega descolgado de todas las stock options que me ha quitado el consejo de administración por culpa, sin duda, de esos malditos roedores que me han llevado a la ruina con su mal ojo y su falta de previsión.

Menos mal que el extintor de detrás de la puerta de mi despacho me puede hacer el favor, en cualquier momento, de romper la cristalera y demostrarle al presidente de la compañía de que los gatos sabemos perder como hombres.


Madrid, once de septiembre de 2012

jueves, 23 de agosto de 2012

La ventana indiscreta por la que mira Edward Hopper


Gente al sol,  Edward Hopper (Nyack, 1882 - Nueva York, 1967)


Sí, he ido a ver a Hopper al Museo Thyssen Bornemisza del Paseo del Prado, ¡cómo no! Pero tras cocer al autor de una forma más deshilvanada, me he quedado absolutamente impactada por el conjunto, por los colores, por la luz, por sus casas vacías, por el paisaje terrestre, el más terrestre de todos los pintados por los pinces de un artista. Y cuando digo terrestre, me refiero al paisaje artificioso modelado por el hombre industrial del siglo XX. El más mecánico de los hombres de todas las épocas. Hopper es capaz de representar el corazón artificial que utiliza el hombre para transformar la naturaleza, y que lo enajena de toda naturalidad. Por eso me ha resultado Hopper tan impresionante, por su capacidad para narrar a través de sus pinturas el alma fría y desolada del hombre sin espíritu, sin conciencia, estático, como la figuras del cuadro “Gente al sol”; verdaderamente soberbio en cuanto a la luz como protagonista de la vida. La luz que parece abducir a las figuras que miran hacia ella, dejándolas vacías. Como si mirasen a través de una ventana indiscreta la nada que existe al otro lado del abismo. Solo el lector, con el libro en la mano, rompe el espectáculo pasivo de la escena. Ese hombre que lee es, a mi criterio, el punto de ruptura con la realidad.

HOPPER
Museo Thyssen Bornemisza. Madrid.
Del 12 de junio al 16 de septiembre de 2012

martes, 24 de julio de 2012

I Concurso Resonancias de Cuento 2013



La revista de arte y literatura Resonancias.org, acaba de publicar su primera convocatoria de cuento 2013 para conmemorar su XXIII aniversario en la red, todo un logro. 
Trece años divulgando la cultura hispanoamericana, con millones de lectores por todo el mundo. La cultura del español se hace fuerte y nuestro legado sociocultural está cada vez más presente, gracias a la inapreciable labor de plataformas divulgativas como Resonancias.org que ha sabido referenciarse en el mejor espacio literario de Internet.

El I Concurso de Cuento queda abierto hasta el 31 de septiembre. Para ver las bases, y envío de originales:

http://www.resonancias.org/bases-del-concurso

http://www.resonancias.org/envie-su-cuento

http://www.resonancias.org/home

sábado, 30 de junio de 2012

El hombre sin brazo

El hombre sin brazo se despertó. Estaba somnoliento y le dolía la cabeza. Había dormido fatal. Se incorporó despacio apoyándose torpemente con una mano y se sentó en el borde de la cama, sin recordar dónde narices lo había puesto. 
Levantó la alfombra con el pie, ¡y ahí estaba!, el puñetero brazo que había perdido antes de acostarse.

miércoles, 13 de junio de 2012

Deseos de ratón



¡Ah..., ya falta menos! -pensó el principe Felipe- Ya son las once y media!  A las doce ya seré otra vez ratón.

Le dio un beso en la frente a Cenicienta, que había dejado el libro sobre la mesilla dispuesta a apagar la luz, y se dieron la vuelta deseándose mutuos felices sueños. 

Las frías sábanas de raso le devolvieron al Príncipe la alegría al olisquear, con sus largos bigotes, por una noche más, los sabrosos agujeros de su enorme queso.

domingo, 8 de abril de 2012

ART SPIEGELMAN, CO-MIX. En París

Es imposible encontrar una excusa mejor para visitar Paris en esta preciosa primavera 2012, que acercarse a disfrutar de la siempre atrayente obra de Art Spiegelman con tu chico, o chica; en moto, en coche, en bus, en tren o en avión, hasta haciendo dedo, para acercarnos a la Biblioteca del Centro Pompidou, que hasta el 21 de mayo acoge la mayor retrospectiva que se le ha dedicado a Spiegelman en Europa. Y ya era hora. El único dibujante que ha ganado un premio Pulitzer a la mejor Obra Literaria de Ficción, por su novela gráfica Maus, en 1992.
La exposición tiene un orden cronológico, con más de cuatrocientos dibujos agrupados en bloques temáticos, de los cuales yo me quedo con:

Maus. Relato de un superviviente, en la que proyecta su propia historia familiar al estilo de las grandes novelas, sólo que a través del dibujo, friccionando un mundo animal paralelo al Holocausto. Donde los judíos son ratones; los alemanes, gatos; los americanos, perros; los francese,s ranas.... Y nos asombra reconstruyendo su particular testimonio de la shoah sufrida por su propia familia antes de emigrar a los Estados Unidos. Su padre fue internado en Auschwitz. Esa historia terrible de la humanidad que de vez en cuando sale a flote para ponernos a todos colorados. El mundo de Maus es un mundo al revés, es la animalidad universal del hombre personificada en los animales cotidianos que nos rodean.

RAW, la revista que marca la historia del cómic vanguardista por su exigencia, su modernidad y su capacidad de mezclar el diseño de dibujos animados e ilustración gráfica.

A la sombra de las Torres Gemelas. En estos dibujos recoge su visión de la catástrofe para la revista The New Yorker. En el período 2002-2003, Spiegelman comenzó a producir para el semanario Die Zeit, alemán, una serie de páginas en color, que se recogerán en esta serie.

The New Yorker. Su colaboración con la revista fue fructífera retratando al judío jasídico de Brooklyn. Todo un reto intelectual.
  
Art Spiegelman es el dibujante más influyente en el mundo literario actual porque es capaz en sus viñetas de narrar toda la historia del hombre. A ver quien se resiste.








Art Spiegelman 

sábado, 17 de marzo de 2012

Su risa tonta




Me desperté. No había amanecido. Las imágenes del sueño todavía dibujaban en mi cabeza su risa tonta, su mirada anodina, sus labios finos y amarillos. Vi lágrimas azules sobre la arena de su cara en una playa desierta del norte de España. Y las olas borraban su rostro en el infinito de mi sueño.
Me di la vuelta. Le vi a mi lado con su risa tonta, roncando y con la boca abierta.
Ya no soñé nada. Me fue imposible volverme dormir.











Ilustración: Marc Chagall, Promenade, 1918.


jueves, 2 de febrero de 2012

Tomas Tranströmer, premio Nobel de Literatura 2011

Javier Claure nos invita a redescubrir, con una crónica magnífica y sensible, al Premio Nobel de literatura 2011, Tomas Tranströmer, el poeta sueco más internacional. En ella, Claure narra el emotivo acto de entrega del centésimo octavo Premio de Literatura de la Academia Sueca, en Estocolmo. Nos alerta de la soledad, como telón de fondo, del poeta inválido. Una invalidez que todos los poetas llevan dentro, la invalidez del alma que camina en silla de ruedas. 
Una gran metáfora que en Tomas Tranströmer también se extiende al cuerpo de un escritor amable y generoso, que en 1990 sufría un derrame cerebral que lo relegó a una silla de ruedas y lo despojó del habla. Tranströmer es licenciado en Psicología, Historia de las Religiones y de la Literatura por la Universidad de Estocolmo. Premio Bonnier Para la Poesía, Premio Internacional Neusdstrad... Importantes reconocimientos para la obra del poeta sueco más leído en Suecia. Javier Claure nos despierta el apetito por este humano y sensible escritor, amante de la música, transparente e intimista, merecedor, sin duda, de tan alto galardón. 
Se quedaron llamando a las puertas del cielo literario Bob Dylan y mi querido Haruki Murakami. Otra vez será.


Para leer el artículo de Javier Claure entra en la página de resonancias: http://www.resonancias.org/article/read/1108/el-premio-nobel-de-literatura-2011-por-javier-claure/